En la nueva era digital, casi todas las personas que conforma y se desenvuelven activamente en sociedad se topan con el requisito de (al menos) conocer sobre las TIC e implementarlas de una u otra forma, en mayor o menor medida.
El avance de las tecnologías ha sido tal que la cultura de lo visual, lo instantáneo, lo que entretiene y lo que no conlleva esfuerzo se ha colado en todos los ámbitos de la vida cotidiana.
Debido a esto, quienes forman parte de generaciones anteriores y no son «nativos digitales» se ven en la necesidad de adaptarse y seguirle el paso a esta nueva sociedad si quieren continuar siendo una parte funcional de la misma; en lo posible, sin perder los intereses, las metas y las características propias durante el proceso.
La educación también se ve afectada por la «digitalización de la vida». Quienes enseñan se encuentran prácticamente obligados a conocer y utilizar las TIC y las múltiples herramientas que estas les brindan para lograr modificar (aunque sea mínimamente) los mismos métodos que se ponen en práctica desde hace siglos y que no son más que formas estables y unidireccionales de transmisión de conocimientos.
Esto se debe a que los aprendientes no sólo interiorizan las características de la cultura digital desde pequeños, sino que también las exigen como rasgos fundamentales de todas las cosas que conocen. Los educandos de hoy en día requieren de métodos dinámicos que los incluyan, que llamen su atención y que, en cierto modo, los entretengan.
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